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Volumen 22 N° 2, Abril - Junio 2014

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Desafíos y roles de la educación superior

 

La educación superior es tanto un bien público como un imperativo estratégico para las naciones, porque constituye la base fundamental de la investigación, la innovación y la creatividad. Por cierto, la fuente principal de la ventaja competitiva de los países, las organizaciones y las personas está en el conocimiento; el que se genera a partir de los impactos que permean desde la educación superior hacia la sociedad en su conjunto.

El conocimiento avanzado simboliza, por un lado, la consolidación del cultivo superior de las artes, las letras, las ciencias, las humanidades en aras de una formación cada vez más integral y vigorosa; y por otro lado, dicho conocimiento avanzado representa el fundamento del valor económico y de la productividad colectiva e individual en la sociedad. Ciertamente, la base del crecimiento y del desarrollo social y económico se genera a partir del stock y de los flujos de conocimiento empleados o aplicados en una nación.

En consecuencia, las naciones requieren cada vez más de personas con educación continua, capacidad de adaptación, buenas prácticas de trabajo y nuevos modelos de interacción en las organizaciones; aspectos que dejan de manifiesto la relevancia de la educación superior para la sociedad. Efectivamente, en la actualidad el caudal de conocimientos necesario para funcionar con eficacia social es elevado y, por lo tanto, se requiere un proceso educacional también prolongado, a objeto de responder a las exigencias sociales y laborales.

En este contexto, la Conferencia Mundial sobre Educación Superior UNESCO-20091 ha reconocido que los desafíos y roles esenciales e inherentes a la educación superior, en la sociedad del conocimiento, son los siguientes:

• Responsabilidad social: la educación superior debe avanzar en la comprensión de los problemas polifacéticos que enfrenta la sociedad, considerando las dimensiones sociales, económicas, científicas y culturales. Asimismo, la educación terciaria debe generar las capacidades para enfrentar y resolver tales problemas; promoviendo el pensamiento crítico y la ciudadanía activa; contribuyendo, de este modo, al desarrollo sostenible, a la paz y al bienestar social.

Acceso, equidad y calidad: el aumento de los índices de cobertura de la enseñanza superior es una realidad que se ha evidenciado en la mayoría de los países. Sin embargo, prevalecen aún diferencias significativas en el acceso a la educación superior explicadas, principalmente, por las condiciones sociales y económicas de las familias de los postulantes. De este modo, queda una larga brecha por cerrar, con el objeto de favorecer no solo el acceso, sino que también las probabilidades de éxito académico y el bienestar efectivo de los alumnos.

• Internacionalización, regionalización y mundialización: la educación superior debe reflejar las dimensiones internacional, regional y nacional, tanto en la enseñanza como en la investigación. En este marco, la cooperación internacional debe contribuir a la creación de capacidades locales en los países participantes, a fin de fortalecer las posibilidades de crear y aplicar conocimientos a escala regional y mundial.

• Formación: la enseñanza y la formación de capital humano avanzado permite incrementar la productividad de las personas y el potencial de crecimiento de los países, generando movilidad social y consolidación territorial. Este proceso de formación debe desarrollarse en un ambiente de libertad de maestros y alumnos, en el que existan las condiciones para un aprendizaje efectivo y permanente.

• Investigación e innovación: constituyen tareas insoslayables para las instituciones de educación superior, las que mediante iniciativas conjuntas de múltiples copartícipes entre el sector público y el privado deben traducirse en la creación de nuevos productos, servicios y en la creación de valor económico y social. A su turno, las instituciones de educación superior deben procurar el equilibrio entre la investigación básica y la investigación aplicada, debido a los altos niveles de inversión que necesita la investigación básica y al reto que representa, a su vez, el hecho de vincular el conocimiento de ámbito mundial con los problemas locales.

Estos roles y desafíos deben emprenderse en un marco que garantice niveles satisfactorios de calidad, a fin de alcanzar en forma eficaz los impactos que la sociedad exige a las instituciones de educación superior. Por consiguiente, la calidad debe evaluarse, y es menester probar ante terceros que lo que se hace es lo correcto, es lo adecuado, o al menos es lo suficiente. Así, no basta, desde luego, el sentir interno, sino que es esencial añadir la mirada externa y el juicio crítico de los pares, de los alumnos, de los empleadores, de la sociedad en general.

1P.G. Altbach, L. Reisberg y L.E. Rumbley. "Trends in Global Higher Education: Tracking an Academic Revolution". Informe preparado por la Conferencia Mundial sobre Educación Superior UNESCO-2009.
URL: http://www.uis.unesco.org/Library/Documents/trends-global-higher-education-2009-world-conference-en.pdf

 

Dra. Liliana Pedraja-Rejas
Dr. Emilio Rodríguez-Ponce

Escuela Universitaria de Ingeniería Industrial, Informática y Sistemas
Universidad de Tarapacá
Arica, Chile
E-mail: lpedraja@uta.cl

Instituto Alta Investigación Universidad de Tarapacá
Arica, Chile E-mail: erodrigu@uta.cl

 



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